Miércoles 06 de enero de 2010-.
DEJAMOS RESISTENCIA.-
A las 06:10 de la mañana, Héctor, Juan Cruz- mi hijo de seis años-, y yo salimos de nuestra casa, ubicada en Colón al 1400 de Resistencia, con destino a la ciudad de Santa Fe. En el Peugeot 206 en que viajamos, aparece muy claramente la cantidad de kilómetros con la que iniciamos nuestro recorrido: 4.719, muchos de ellos contabilizados a través de viajes anteriores, al interior de Corrientes, a nuestra casa en La Cruz, o a la cercana provincia de Misiones.
Apenas amanece. El cielo se percibe con tonalidades levemente celestes, y unas nubes grises y rosadas se perfilan sobre el horizonte. Algunos transeúntes madrugadores corren por las avenidas haciendo footing y otros marchan ya hacia su trabajo, con el propósito de aprovechar la fresca brisa de la mañana. Todavía permanecen encendidas, en hilera, las luces de las jirafas del alumbrado público, y es evidente el contraste que producen contra un cielo azul cada vez más oscuro, como presagiando tormenta después de jornadas insoportables de calor, con una sensación térmica de 46 o 47 º.
Poco a poco, el auto va ganando velocidad. A los costados del asfalto, franjas de césped se intercalan con otras de denso polvo blanco, tan característico de esta zona.
Seguimos por la Avenida Soberanía Nacional, alejándonos cada vez más del centro, y dejamos atrás un barrio con casas de dos plantas, para tomar la Ruta Nacional Nº 11, que conduce a Buenos Aires. En la bifurcación, el cartel nos indica con precisión que debemos optar entre doblar a la izquierda o a la derecha, continuar hacia Santa Fe o avanzar hacia Formosa. Juani me pregunta porqué escribo, mientras mira las letras despatarradas que garabateo con la lapicera azul que te regalé la noche de Año Nuevo para esto, sobre unas hojas pequeñas con renglones verdes, en una carpeta que me diste antes de salir. Le contesto que es para contar lo que nos ocurre en el viaje, lo que vemos, lo que nos pasa, lo que nos gusta.
El cielo se presenta cada vez más oscuro y nos alejamos, sin mayores novedades, de la parte sur de Resistencia. Hay escaso tránsito de automóviles, frente a una abundancia increíble de motociclistas.
Como siempre, miro tu perfil amado y una sensación ya muy conocida de paz y tranquilidad me embarga. Otra vez en la ruta, otra vez en otro viaje para compartir y disfrutar. Otra vez juntos. Y tu mano sobre mi muslo es la confirmación de ese amor inmenso que nos une. Te sonrío. Sonreímos.
Juan Cruz, Toti, se inquieta por una abeja que ha conseguido ingresar a través de las ventanillas abiertas y lo está molestando. Después de algunos momentos, a los manotazos, consigue sacarla sin que tengamos que detener el automóvil para hacerlo, y cierra los vidrios con el propósito de evitar cualquier incidente semejante. Luego, se recuesta sobre el asiento trasero y comienza a dormitar. Hemos madrugado para salir temprano y el aire fresco, el sonido propio del vehículo en marcha y la música suave crean un ambiente distendido y agradable, muy apropiado para la relajación y el descanso.
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Hemos empezado un nuevo año, que deseo de paz y prosperidad para todos.
Y por supuesto, se inican las vacaciones...Y con ellas, abordo otro sub-género, una especie de crónica o relato de viaje, que quiero compartir con ustedes.
Mil besos
Marisa |