Hermana, aún recuerdo
cómo caía la tibieza de la tarde
en tus rizos rubios,
en tus enruladas estrellas,
y siento otra vez la maravilla
de la siesta trepándonos
las manos y los pies,
el calor del sol
en la inquietas luces
intuidas apenas
desde los rincones penumbrosos
de nuestras escondidas,
el sonido de las frutas
olorosas y plenas
que caían como mariposas del ocaso
en nuestro regazo de batista y puntillas,
el capullo de las manos entrelazadas
jugando a la ronda,
o tratando de alcanzar
un arpegio hecho nido,
un ovillito de picaflores o golondrinas
que mirábamos con admiración
e infinita ternura,
sin animarnos a rozarlo, después,
atónitas ante la belleza…
Hermana, compañera de vida,
de confidencias que se entretejieron
cuando la noche fue más honda,
cuando la guitarra encendía
rumores en el alma y jugábamos a volar ,
inventándonos alas y poemas.
Estás aquí, afecto y compañía,
presencia que conforta,
testigo de mis días,
increíblemente generosa y dulce;
remanso, laguna llena de juncos encendidos,
luna colmada de misterio escondido y nocturno,
garras de leona en el resguardo de lo amado ,
perfume en el fuego de la desesperanza,
licor de mandarinas y aroma de almíbar
en el recuerdo de la infancia…
Estás aquí, hermana querida,
sangre de mi sangre,
compañera, amiga,
bendita seas, bendita!
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Feliz cumpleaños, querida hermana, y que tus poemas vuelvan pronto a iluminar nuestra vida!
Te quiero... |