En las alas aquietadas
aún lleva el silencio del beso ,
recuerdo y luz evanescente,
rito que se destrenza en la penumbra...
Tiene en el translúcido mirar
la espera acumulada.
Sigue en mullido , perenne sueño...
Indolente caricia se acurruca un poco
en su cabellera de sombra
y la fogata es un solo un dejo de ternura...
Duerme, tibio, el ángel duerme,
mientras presiente el paraíso
demasiadas veces negado.
En una fecha aún no reconocida,
en un rostro aún no recorrido,
en la bella desnudez de un alma,
en un misterio de luz y canto...
Duerme y presiente...
Espera, presiente y sonríe... |