Mi vida sueña despacio
detrás de la eterna niebla
y respira con las sombras
insomnes de las almendras.
Se ilumina con la risa
que quema en las callejuelas
y se asombra con las dulces,
inquietas perlas morenas.
En las madrugadas blancas
se extiende en las azoteas,
para jugar en el aire
y abrir de golpe las puertas,
buscando en la brisa tibia
los recuerdos que atropellan.
Qué noche, noche serena,
para dejar que la vida
se dispare sin fronteras,
para que el rocío inunde
bellos pájaros de seda,
y entonces ,por fin, te busque.
Amarrado a mis estelas,
enceguecido de incendios,
vibrante de primaveras,
aceptarás ese reto.
Y atizaremos la hoguera.
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